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  • Alex

Lo que hay detrás de la perdida.

“El Señor mismo marchará frente de ti y estará contigo; nunca te dejará ni te abandonara. No temas ni te desanimes” Deuteronomio 3:18


Es inevitable enfrentarnos ante una pérdida, el arte de todo esto es: ¿Cómo la enfrentas? Algunas son pequeñas, otras más grandes, algunas materiales, laborales, de sueños profundos, entre otras y de las más importantes para mí, las relacionales. Si no las dejamos en las manos de Dios, nos pueden generar terribles estragos en nuestra identidad y seguridad.


La tendencia del ser humano es aferrarse a algo o alguien e incluso podemos llegar a hacer hasta lo imposible por retener a alguien. Y al perder lo que tanto anhelamos, terminamos viviendo un infierno en vida, sino aprendemos a soltar. Sin embargo si decides soltar y aferrarte solo a Dios, puedes comenzar a vivir libremente.

Llegó un punto en mi vida, que al no dejar mis pérdidas en manos de Dios y permanecer con heridas abiertas, me condujo a una depresión.


Una de mis pérdidas significativas, fue un amor a distancia que me tenía muy ilusionada; sin embargo concluyó muy pronto. Ahí comenzaron a brotar más mis inseguridades; justo cuando me enteré que él, estaba por casarse. Debemos aprender que no podemos controlar a nadie, ni obligar a que nos amen o permanezcan con nosotros, es necesario respetar las decisiones de otros; de lo contrario viviremos en esclavitud, al depender de los demás. (Jeremías 17:5) (Salmos 118:9).


Cuando te permites culparte de las decisiones de los demás o actúas de manera orgullosa y culpas al prójimo, vivirás sin una identidad firme en Cristo e incluso te negarás, quizá sin intención a recibir lo que realmente mereces y necesitas, te cegarás a entender cómo Dios te ve a través de sus ojos, y podrás llegar a hacer muchas cosas para no perder al ser a quien crees que amas. Porque lo cierto es que si tú no te amas; no puedes amar a otros. (Mateo 22:39).


Mis heridas sin vendar, me hicieron relacionarme con otras dos personas emocionalmente inestables, lo cual me llevó a sumar más perdidas a mi vida. Si tú no eres una persona estable emocionalmente y espiritualmente, tenderás a buscar personas en las mismas condiciones.


Otra pérdida significativa fue cuando tuve mi primer relación “formal” luché para que funcionara y fueron 3 años de hacer hasta lo imposible para vivir la realidad de mi sueño por casarme. Mis necesidades de amor y aceptación, sumadas a mis antiguas pérdidas, me reafirmaban quedarme ahí aferrándome a buscar “un final feliz”.


Cuando te aferras a no perder a alguien, te estás permitiendo perderte a ti mismo.

Mantener altas expectativas en una persona, hace que termines culpándolo(a) por tus propias decisiones. Esto afectó a lo profundo de mi corazón y se arraigó permitiendo que brotaran raíces de amargura en mi ser. Alguien herido, se hiere más y hiere a otros.


Mi mayor pérdida y más intenso dolor, fue la muerte de mi mejor amiga; mi mamá, tras la batalla contra el cáncer. Tenía varios años que nos habíamos enteramos del diagnóstico. Ella era una mujer tan fuerte que nunca nos dimos cuenta de lo grave de la situación, hasta que su salud comenzó a mermar, y comenzaron las hemorragias. Ella tenía infinidad de cualidades que la caracterizaban pero quiero mencionarte solo algunas: fuerte, llena de fe, de amor, bondadosa, responsable, dadivosa, valiente, entre otras más que no terminaría y con un gran sentido del humor. Realmente me siento tan privilegiada de ser su hija. Me enseñó a vivir una vida feliz pese a las circunstancias A menudo me decía que en ocasiones: “Uno NO decide sus circunstancias, pero sí la actitud que quiere tener ante ellas” (Proverbios 15:13).



El miedo ante una pérdida que se próxima, nos puede llegar a paralizar e incluso nos bloquea. Me sucedió justo cuando mamá se desvaneció en casa por la pérdida tan gradual de sangre que tuvo tras la hemorragia; no supe ayudar, y creo que en ese momento nadie en mi familia sabíamos que hacer. Frente a la espera de la ambulancia, la cual tardó muchísimo y al ver que nada salía bien; miré al cielo y grité a Dios: “ya no quiero creer en Ti ¿porque no me escuchas?”, estaba bloqueada, pero no tardé mucho para recordar que sin ÉL no podría y mucho menos con lo que nos esperaba más adelante, solo su fuerza sobrenatural nos puede sostener en situaciones que nos sobrepasan.


Días después tuvieron que someterla a una cirugía. La situación parecía no concluir ahí pues días después de la intervención, la relación que comenté de 3 años terminó; él con sus problemas personales, lo llevaron a la infidelidad. Para mí fue devastador todo esto, pues la persona en la cual me aferraba a confiar y sostenerme, se había ido.


Recuerdo llorar cada noche en silencio por el dolor ocasionado de esa relación, pero ella siempre escuchaba y cada noche como podía, se levantaba, iba a mi cuarto a consolarme y alentarme a seguir, tal como lo hacía en cada una de mis adversidades. Me enseñó a no guardar rencor y perdonar, a ser empática cuando me sentía herida. Siempre he pensado que el amor de mamá es muy parecido al amor de Dios: desinteresado, incondicional y sacrificial.


En sus momentos de crisis ella decidía alabar a Dios y clamar. Fue decayendo cada vez más y sus risas iban desapareciendo tras los estragos de la enfermedad y los medicamentos. Su pérdida paulatina me fue como si viviera millones de pérdidas a la vez. Es una impotencia y un dolor indescriptible ver a un ser amado irse poco a poco.


Después de su pérdida mi deseo de no perder a nadie más se intensificó, ese vacío necesitaba ser llenado pero comencé a llenarlo de manera incorrecta, tratando de obtener el control en cada una de mis relaciones para no perderlas; obteniendo exactamente lo contrario, sin embargo poco a poco y en amor; Dios me ha mostrado que el control es solo de Él y no mío.


Debes decidir hacerte cargo de ti y dejar que Dios te sane y comenzar el cambio en tu corazón, ser empático hacia el otro e intentar pensar lo mejor de esa persona es una manera de sanar.


Buscar intensamente a Dios renueva tu mente.

Los cambios en la vida generan pérdidas inevitables, sin embargo nos ayudan a crecer y a madurar.


Todas las cosas nos ayudan a bien para los que realmente amamos a Dios.

(Romanos 8:28)


Dios tiene propósitos buenos para cada uno, y su voluntad es buena, agradable y perfecta (Romanos 12:2), y aunque a veces parece que eso no es tan bueno para nuestra vida, la mente y los caminos de Dios son más amplios que los nuestros. Debemos aprender que hay tiempo para todo, la palabra de Dios lo menciona (Eclesiastés 3), tenemos que vivir los duelos de nuestras pérdidas sin que éstos sean nocivos y por años, tampoco debemos guardar el dolor hasta explotar y no poder más.


Debemos tratar cada perdida con paciencia, a veces tenemos que resistir el dolor pero teniendo en mente: “esto también pasará, todo va a estar bien” Todo tiene una razón para los hijos de Dios. Su fuerza siempre nos sostendrá y Él nunca te dejará. Mi esperanza está en que mi mamá está en el mejor lugar, frente al Padre y que algún día la volveré a ver.


¡Te animo a seguir adelante!


Karen Zeper


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