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  • Alex

Nuevo jardín.





¡Llegamos al final de esta serie! Espero que las palabras que te he dedicado estén siendo de mucho ánimo & la verdad es que no solo vienen de mi corazón sino de Dios, para darte una nueva oportunidad de restauración, de sanidad, y de un nuevo comienzo en esa área de tu vida que has tenido presente mientras ibas leyendo esta serie!



¿Ya viste La Cabaña? Hazte un favor y vela (ya la puedes encontrar en Netflix o en internet)! En verdad que con esta película he encontrado mucha sanidad y revelación de quién es Dios en mi proceso de dejar morir lo que tiene que morir y tener esperanza en un nuevo futuro. Te la recomiendo mucho.


Si no la has visto te daré un poco de spoilers.


Como la película lo menciona, Mack se enfrenta a una gran tristeza que llegó a traer rencor, un dolor profundo, oscuridad y una gran depresión que no lo dejaba seguir con su vida. Experimentó la muerte de su pequeña hija... no me imagino el dolor de perder a un hijo, pero quédate con esto: experimentó muerte.


En estas semanas te he escrito que en esta vida es normal que nos enfrentemos a perder sueños, ilusiones, promesas, personas, proyectos... pero qué tal cuando perdemos algo que en verdad amamos; así fue para Mack, así fue para mi, y si hoy estas leyendo esto, seguro también lo has experimentado.

Quizá ya pasó mucho tiempo, y de alguna manera u otra, seguiste con tu vida. Quizá es muy reciente y sigues llorando cada noche.


Siguiendo con la historia...


Dios citó a Mack en la cabaña, donde se le arrebató lo más preciado que tenía, lo que más amaba, su pequeña Missy. Pero de alguna forma extraordinaria, no era la misma cabaña, se parecía, pero ahora estaba rodeada de arboles y flores. Era una cabaña cuidada y habitable. En ella, Mack se encuentra con quien lo citó y entre muchas enseñanzas, aquí te va mi favorita:


Al darse cuenta que esta en presencia del Dios que había escuchado por años, no pudo más que derramar una que otra lágrima, no podía creerlo. De la nada uno de los personajes llamado Sarayú, recoge su lagrima de su mejilla y la coloca en un pequeño frasco... nada tiene sentido hasta ahorita...


Mientras Mack se aventura a entender porque ha sido citado a ese lugar, un día acompaña a Sarayú al jardín... que era un verdadero desastre... arboles sin podar, muchas flores regadas y raíces venenosas por doquier... pero así como cada personaje tiene una personalidad y un trabajo en específico en esta historia, Jesús en el taller de carpintería, Papá en la cocina, el de ella, es cuidar ese jardín...


Tras un proceso largo de confrontación con su dolor, rencor, juicio y su pasado. Mack llega al día más difícil de su viaje, pero el más glorioso... Encontrar el cuerpo de su pequeña, perdonar al agresor, enterrarla y dejar morir todo el dolor.


Para hacer eso, no estaría solo. Cada uno de los personajes que acompañaron a Mack en esta historia, ya habían preparado todo para ese momento. Mientras que Mack vivía su proceso, ellos se encargaron de tener todo listo. Papá le ayudo a encontrar el cuerpo de Missy y envolverlo en sábanas blancas. Jesús había estado preparando un hermoso ataúd hecho a mano.


Mack, con un corazón quebrantado y con ayuda de los tres, baja el ataúd y comienza a enterrarlo con tierra y delicadamente esparcir flores a su alrededor. Y entonces el trabajo Sarayú en el jardín cobra sentido... ella comienza a derramar sobre la tierra de aquel jardín, el frasco en el que recolectó todas las lágrimas que derramo Mack durante mucho tiempo.


Y entonces lo glorioso comienza a tomar lugar. El jardín ya no es un lugar desordenado. De él comienzan a nacer nuevas flores, nuevos arbustos, árboles que van embelleciendo más y más el centro de este: la tumba donde esta enterrada su pequeña; donde esta enterrando su dolor, su culpa y su pasado.


Cada lágrima resulta ser ahora agua que nutre la tierra de ese jardín. Y ese jardín, el corazón de Mack.


Hoy no solo te escribo de esta hermosa historia que me hace llorar cada vez que la veo...

vengo a contarte de un hecho que cambió la historia de la humanidad por completo.


Antes de que nacieras, hubo alguien que fijó sus ojos en ti y que te amó y te ama de una manera entrañable y profunda. Y sin dudar una sola vez, a pesar de saber el gran precio que eso significaría, decidió entregar lo más preciado por ti, su Hijo. ¿Para qué? Para mostrarte que eso que estas dejando morir hoy, mañana resucitará o nacerá algo nuevo de eso.


Ese Hijo se vino a hacer como uno de nosotros, de carne y hueso, con miedos y preocupaciones, pero a la vez perfecto. Su nombre es Jesús y vino a arreglar todo lo que estaba desarreglado, a dar esperanza donde no la había, a sanar a los enfermos, a dar vista a los ciegos, a levantar a los paralíticos, a quebrantar corazones y a liberar a los cautivos.


Entre muchas otras cosas más, ese Jesús vino a tomar tu dolor, a ponerlo dentro de un ataúd hecho por sus manos, a enterrarlo y a mostrarte que cada lágrima que has derramado no ha sido en vano.


Acompáñame a ver como él, como Un Consolador, comienza a regar tus lagrimas en ese jardín, que es tu jardín... tu corazón, y así comienzan a nacer nuevas flores. Te muestra entonces que él pasó por el mismo dolor que tú, aun más profundo, pero así como él, tú estas venciendo a la muerte. Estas venciendo tu pasado y tu dolor.



Quise cerrar esta serie contándote esta increíble noticia: Jesús ya venció esa muerte que hoy estas experimentando, y que por muy doloroso que será dejar morir todo, eso que hoy ves seco y muerto ya tiene un futuro. Un futuro donde podrás encontrar paz, podrás seguir adelante, podrás estar sano, tranquilo y listo para soñar de nuevo.


Como empecé a escribirte desde la primer entrada de esta serie, he podido ver la muerte de una manera diferente.


Así como tú, yo también experimente muerte de sueños, ilusiones y promesas. Tanto tiempo me aferre a que se cumplieran, pero lo único que resultaba era un corazón desfallecido y sin ganas de luchar, decepcionado y muy dolido.


Aprendí que el dejar morir, como las historias que te fui contando en cada una de las entradas, es lo que va a traer vida de nuevo.


Entregar y dejar mi dolor, mi pasado, mis angustias en el ataúd y atreverme a enterrarlo y seguir adelante, es un acto que me permitirá ver como eso que hoy esta muerto, mañana resucitará.

No a mi manera, sino a la manera de quién ha preparado todo para ese entierro. A la manera de quién me ha consolado en cada momento de dolor y tristeza, que ha recogido cada lágrima y hoy las esta esparciendo como agua de riego. A la manera de quién no me ha juzgado y ha restaurado mi corazón; me ha traído libertad y paz.


Te recuerdo algo poderoso: hoy tienes que experimentar muerte para que mañana experimentes vida. Para que seas testigo de una resurrección. Para que puedas ver un nuevo jardín que ha sido podado, cuidado y regado.

Para que puedas verte con un Nuevo Jardín, con un Nuevo Corazón.


Ánimo!

Con amor,

Alex.









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